El Gran Viaje de Kiadi (V) Impactante testimonio de un joven inmigrante.

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Duala-Sokambro

kiadibarcaza

La barcaza está llegando a su destino. A ambos lados del río hay puestos fronterizos plagados de militares. Ni Kiadi ni sus amigos tienen documentación. ¿Cómo van a evitar caer en manos de los soldados?
Por fortuna los jóvenes lo han previsto con antelación y, de acuerdo con el capitán, emplean esta táctica: se disponen a descender del barco por el único lugar que los soldados no ven, saltando directamente a una piragua que el capitán ha contratado. Cuando es el momento, la voluntad de Kiadi zozobra por unos instantes. La presión de cometer un error es demasiado grande. Mira a sus compañeros, que ya han saltado a la piragua. Es un momento difícil, pero no el único ni el peor de los que han pasado.
¡¡¡Rápido!!!
Kiadi salta y aterriza en la piragua. Han logrado realizar la maniobra sin ser vistos.
El joven respira hondo. Daría lo que fuera por un descanso, por la tranquilidad de su hogar. ¿En qué momento su vida se transformó en una película de aventuras? Lo peor es que en su caso, la victoria del héroe no resultaba absolutamente nada certera.
Así acostan en Duala, donde son recogidos por unos compatriotas que les albergan, quienes además por dinero les hacen las gestiones para los documentos.

Al cabo de una semana, Kiadi y sus amigos se encuentran en el puerto. Deben subirse al trasbordador (rumbo al Camerún) sin que se enteren los soldados y policías cameruneses, que vigilan sin cese la entrada a la nave. Pero Kiadi tiene una gran imaginación para sortear todos estos obstáculos, y rápidamente idea otra estratagema. Consiste en alquilar los servicios de unas piraguas rápidas con motores fuera de borda. Les embarcan uno a uno, como si nada, en paseo turístico costero.
Las piraguas navegan plácidamente cerca del trasbordador, y sutilmente se van acercando a él por el lado menos vigilado. El trasbordador está lleno de soldados, de modo que actúan como si les fuera la vida en ello, trepando con una agilidad loable.
Al instante, sin siquiera darse tiempo a recuperar el resuello, Kiadi se enciende un cigarro y se apoya en la barandilla fumando despreocupadamente como un viajero más. Sus compañeros se sientan leyendo algo y hablando despreocupadamente. Tienen la suerte que hay mucha gente que viaja y así pasan más fácilmente desapercibidos.

El barco se pone en movimiento y algunas horas después llegan a un pueblecito fronterizo que se llama algo así como Sokambro (no puedo asegurar la exactitud de este nombre). Aquí de nuevo, problemas. Tienen documentos cameruneses pero tienen que probar a los soldados que vienen del Congo.
Es el momento de explicar todo el guión que llevan preparado desde hace varias jornadas. El diálogo con los soldados es más o menos el siguiente:
– ¿Como puede ser que vengáis del Congo en este trasbordador con documentos de Duala ?
– Vivimos en Duala desde hace varios meses.
Kiadi sabe que tiene que sonar convincente. Si los soldados ven sus manos temblar le retendrán. Se mete las manos en los bolsillos y mira directamente a los ojos al soldado, que continúa indagando.
– (Con sospecha) ¿Y el matasellos de la frontera?
– Pasamos un día en que no había control. Pero no íbamos al Congo, sino solamente a Ouesso donde un amigo nuestro había perdido su madre.
La conversación se alarga para cada uno de los compañeros, y las mentiras tienen que ser cada vez más audaces. No todos lo consiguen. Tras una verdadera prueba de templanza, Kiadi ve como dos de sus cuatro amigos se quedan en el lugar. Son dos compañeros de aventuras, dos hermanos de los que Kiadi se ve repentinamente separado, sin siquiera poder despedirse, para tal vez no volverlos a ver nunca más. Los dos se preparan para volver a casa, descorazonados. Ha sido mucho dinero perdido y muchas esperanzas rotas. Saben que con eso pierden su gran oportunidad de hacer realidad su sueño. Aquí acaba su viaje.

Kiadi y otros dos compañeros no parecen acabar de convencer al policía. Estos militares están más que acostumbrados a todo este tipo de trapicheos. De modo que finalmente Kiadi saca parte de los ahorros que con tanto celo guarda y asegura su pase.

No quedan más que tres en la aventura. ¿Tienen más coraje que los que se quedan en el camino o más dinero, o son unos insensatos? De todo un poco.

En el siguiente post veremos las aventuras y desventuras de nuestros amigos con un párroco católico en Yokodouma, Camerún.

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo)

CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

3 comentarios

  1. Como bien dice Izshara, los que les ayudan es por puro interés. Todos sacan tajada con estos temas.

    Ana tienes razón, esto parece una novela, en la que Kiadi es el héroe protagonista. Un protagonista, que será rechazado por gran parte de la sociedad a la que vaya a parar, si es que consigue llegar a su destino. Y más, si la ley de inmigración que quieren poner sale para adelante.

    Ya cuesta que la gente ayude a los inmigrantes, imaginaros si hay de por medio multas de hasta 100.000€, impagables por la mayoría de nosotros. El miedo a recibir semejante castigo por ser solidario, frenará a muchísima gente. Yo mismo, para que negarlo, me lo pensaría mucho antes de acoger a nadie.

    Espero que esta ley no tire para adelante. Deberíamos salir todos a la calle ante leyes como estas, que atacan los Derechos Humanos y que van en contra de la solidaridad e igualdad.

  2. “Y Kiadi ha tenido suerte de encontrarse con alguna gente honesta. En otras ocasiones, los propios barqueros estafan y roban a los inmigrantes como autenticos piratas.”

    Bueno, honestidad… yo lo llamaría interés. El barquero está haciendo negocio. Todo lo que ayuda a Kiadi se lo cobra, ya sea en dinero o en trabajo. Además, recoge a las personas que están detenidas en los puestos de vigilancia militar y paga por ellos, pero porque sabe que a la vuelta, cuando estas personas regresen de vender sus mercancías, tendran que darle una parte.

    Gracias por tu comentario, Ana!

  3. K fuerte el relato! Cualquiera podria pensar q esto es una novela, x todo lo que sucede. Y pensar q tal vez la mayoria d inmigrantes pasan por un periplo semejante sólo para poder llegar a nuestras costas, y q encima cuando llegan todavia tienen q luchar contra la discriminacion y el desprecio de los q los reciben…
    Si supieran todo x lo q han pasado, seguro que no se atrevian a decir las barbaridades que dicen, tan comodos en sus sofas, con sus moviles, sus consolas, o su futbol. Los que llegan como Kiadi,son heroes anonimos y se merecen el respeto de los que tanto los critican, ya q n busca de una vida mejor para ellos y los suyos arriesgan su vida.
    Es muy triste tb ver la corrupcion que existe en todos esos paises. Y Kiadi ha tenido suerte de encontrarse con alguna gente honesta. En otras ocasiones, los propios barqueros estafan y roban a los inmigrantes como autenticos piratas. La mayoria de los q llegan a nuestras costas vienen en masa, en bodegas de barco, en pesimas condiciones, con la ilusion de llegar a destino, habiendo invertido todos sus ahorros, para nada. Y como se veía en un post anterior de Izshara, a veces incluso los mandan a sitios como “Guantanamito”…es todo muy triste.

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