El gran viaje de Kiadi (IX). Testimonio de un joven inmigrante.

Esta historia se inicia en posts anteriores. Ver todos los posts sobre El Viaje de Kiadi.

Agadezagadez

Agadez es la capital del Tenere, territorio de los Tuaregs. Este momento del viaje es muy importante, pues es en manos de estos nómadas que van a pasar los próximos días y es gracias al conocimiento extraordinario del desierto que tienen los tuaregs que intentaran ayudar a Kiadi y sus amigos a llegar hasta Argelia. Estos Tuaregs ya no se pasean en camellos, eso era antes. Sólo son unos pocos los que todavía lo hacen y sobre todo en las fiestas tradicionales que son muy vistosas. Sus medios de transporte ahora son los Land-Rover y los camiones.

Y en esta ciudad se topan con un personaje sorprendente, del que ya tenían noticia. Se llama Adamo y es nigeriano del Níger, claro, Tuareg, que ¡conoce el Lingala, el idioma que hablan nuestros amigos! Le llaman el Embajador del Congo y ha aprendido el Lingala de los múltiples congoleños que van pasando por Agadez.

Este personaje pintoresco no tiene un gramo de altruismo. Vive de las “olas” de inmigrantes sub-saharianos que van pasando por la ciudad y ha montado muy bien su negocio. Aloja a todos los viajeros congoleños en su casa hasta que se organiza un transporte para pasar la frontera de Argelia.

Lo tiene bien organizado. Cuando se advierte una presencia extraña en la ciudad, la gente avisa a Adamo, quien viene en moto. Y los recoge uno por uno y les lleva a su casa que está en un pueblecito a las afueras de Agadez.

Adamo ajusta un precio para sus huéspedes que no implica la comida. Los viajeros, ellos mismos se ocupan de su comida. Pueden pasar de una a dos semanas en a casa de Adamo. Se trata de tener un número suficiente de viajeros para tres o cuatro Land-Rover.

Kiadi constata que la ciudad de Agadez esta llena de prostíbulos. “Las chicas son muy majas” dice admirado sin precisar si tuvo tiempo para “profundizar más en el tema”.

En el mercadillo Lu compra carne de camello. Todos lo prueban. Ellos, que estaban acostumbrado a los “kamundele” de cabra o de vaca, especie de brochetas, encuentran realmente apetitoso este nuevo manjar.

Cuando el número de viajeros es suficiente todo está preparado para la peligrosa aventura en dirección de Argelia. Dos rutas son posibles:

Una que va a Tamanraset, que no les pide más que tres días de viaje, pero hay un terrible control militar y el número de “expulsados” es enorme. Además, aquí los “sin papeles” siempre tienen problemas, porque se deshacen de ellos cuando van acercándose a zonas difíciles para que no les puedan expulsar a todos a sus países de origen.

Kiadi, con los datos de sus amigos de Argelia, escoge la ruta de Djanet, a pesar de las tres semanas de viaje por el desierto que tendrán que sufrir. Las ventajas: no hay controles militares hasta la llegada a destino, porque los Tuaregs saben esquivar a la patrullas.

Antes de iniciar el viaje Kiadi, Lu y Mani preparan el viaje. Será uno de los tramos más duros. Hay que conseguir provisiones para dos o tres semanas en el desierto. Kiadi sabe que el desierto mata y dice a sus camaradas: “no penséis ni por un momento contar con mis provisiones en el viaje. Organizad las cosas bien porque no pienso daros nada” Esto que parece egoísta por parte de Kiadi, lo es menos si se tiene en cuenta que él tampoco lleva más que lo necesario. El minimum vital. No tienen mucho dinero.

Y los cuatro Land-Rover se lanzan al desierto. Días de calor terrible, el polvo del desierto cubriéndoles en ocasiones por completo; no hay agua, no hay comida, sólo las provisiones que llevan consigo. Por las noches paran los coches y acampan. Kiadi, Lu y Mani permanecen juntos y se abrigan bien con mantas. El frío es inclemente. Lu se dedica a buscar los pequeños animalitos que habitan el desierto, tales cual escorpiones, mientras están acampados. La ruta es dura pero los tres amigos están concienciados y afrontan el reto con determinación.

Un día, ya en la segunda semana, el chofer del primer vehículo se para. Todo el convoy se para tras él. Han perdido el camino.

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo) CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: