Pueblos indígenas, pueblos desterrados

En la página de la ONG Survival podemos leer tristes historias de algunas personas desafortunadas, exiliadas de sus propias tierras. En el mejor de los casos, exiliadas en ellas.

Es el caso de millones de personas pertenecientes a pueblos indígenas de diversas partes del mundo, pueblos que nos suenan extraños, y sin embargo están formados por personas como nosotros, llenas de sueños,  miedos,  deseos y sentimientos.

La mayoría de estas personas están siendo asediadas por empresas que pretenden levantar explotaciones o fábricas en sus hogares. Ávidos de poder empresarial, “compran” esos terrenos sin importarles que están destruyendo las únicas opciones de vida de mucha gente, incluyendo niños y niñas que nada de esto pueden entender todavía. ¿Qué harán estos pequeños cuando el enorme monstruo de metal les amenace con sus despiadadas fauces?

El pueblo de los guaraní

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João Ripper / Survival

Los guaraní son un pueblo formado por decenas de miles de personas que vive en el corazón de Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina, y fue uno de los primeros en ser contactados por los europeos cuando éstos llegaron a Latinoamérica. Su número, nada desestimable, es de varias decenas de miles de personas. Una de las zonas más importantes para los guaraní fue la zona de Mato Grosso do Sul, donde llegaron a ocupar una extensión de 350.000 kilómetros cuadrados de bosque y llanura.

Entre su cultura y tradición, tiene especial relevancia la búsqueda de la “tierra sin mal”, una tierra libre de dolor y sufrimiento cuya existencia les fue revelada por sus antepasados (recordemos la bíblica “tierra prometida”). Durante siglos los guaraní han ido recorriendo enormes distancias en busca de esta tierra, y también de una tierra donde puedan hallar la paz y la dicha. Siendo un pueblo estrechamente vinculado a la vida en la naturaleza, el mayor grupo de guaraní es el de los kaiowá, que significa “pueblo del bosque”.

Pero a día de hoy no sólo no quedan tierras adecuadas a donde ellos puedan moverse; también les han robado su hogar, privatizando y vendiendo casi toda su tierra, con la finalidad de utilizarla para explotaciones industriales y agrícolas. Ahora se ven hacinados en pequeñas parcelas rodeadas de haciendas de ganado y extensos cultivos dedicados a la superproducción agrícola. Algunos se ven forzados a acampar en el borde de las carreteras y caminos. Según Survival, en este último siglo, los guaraní están sufriendo una oleada de suicidios sin precedentes. Las empresas, con su ambición sin límites, y los gobiernos con su beneplácito y su indiferencia, les han condenado a la muerte.

Para ayudar a éste y a otros pueblos, Survival nos pide a las personas que presionemos a los gobiernos para que interfieran en estos asuntos escribiendo una carta al gobierno de los países donde tienen lugar estos atropellos (Brasil, en este caso); escribiendo a las Embajadas de éstos países situadas en nuestro país, a los gobernantes de nuestros propios países o colaborando con alguna entidad u ONG que luche por los derechos de estos pueblos indígenas.

El pulso Derechos humanos – Empresas multinacionales se hace durísimo y eterno, a veces desesperanzador, pero si abandonamos, estaremos abandonando a millones de personas que no saben ni pueden defenderse. Debemos seguir aquí, buscando la fuerza colectiva y asociada, avanzando despacio y sin detenernos.

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