El Gran viaje de Kiadi. Increíble testimonio de un joven inmigrante (X)

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Travesía por el desierto-Djanet

kiadi

Kiadi y sus amigos se encuentran parados, perdidos con el resto del convoy, en medio de un desierto totalmente desconocido para ellos. No saben si realmente están perdidos o si van a ser víctimas de una emboscada. El nerviosismo empieza a notarse en el ambiente, se respira la inquietud. El jefe de expedición les dice que preparen la comida y se relajen, que tal vez tengan que esperar un rato mientras los chofers realizan sus plegarias de encantación para encontrar el buen camino.Kiadi, siempre alerta, no se fía demasiado, pero intenta comportarse con tranquilidad.

Al cabo de un buen rato ordenan a todos que suban de nuevo a los vehículos. Parecen haber decidido el camino a tomar, y transcurren dos semanas más de marcha a través del desierto: polvo, calor, frío y sed.

Una noche, a las tres de la madrugada, los vehículos se paran. El jefe de expedición pide a todos que desciendan. Hace frío.

– La ciudad de Djanet está a cinco kilómetros -indica-. Id en línea recta, aunque tengáis que subir montañas. Pero mucha precaución cuando lleguéis a un kilómetro de la ciudad. Hay un peligroso campamento militar. Haréis bien en atravesarlo de forma separada, por pequeños grupos.

Así pues, unas cincuenta personas se ponen en marcha, en pleno desierto, guiándose tan sólo por las estrellas y muertos de miedo. Lo primero que constatan es que la distancia es en realidad de más de diez kilómetros. Están muy cansados, pues el desierto inclemente ha mermado sus fuerzas, y el frío penetra en sus huesos sin piedad. Así avanzan penosamente: una pequeña montaña, después otra más grande, siempre en línea recta.

Algunos objetos abandonados por los soldados, como cargadores vacíos de Kalashnikov, viejas botas, alguna camisa militar hecha jirones, les advierten que estan cerca de un campamento militar.

Al fin, al asomarse a la cresta de una de las montañas lo ven. Es un campamento grande, con enormes proyectores de luz que van barriendo las dunas. Otra prueba más, una de las más duras a las que tendrán que

enfrentarse en todo el viaje. Esto depende plenamente de ellos y de su propia habilidad.

Dispuestos a arriesgarlo todo, siguen adelante con valor. Se separan lo suficiente entre ellos y se van acercando prudentemente teniendo cuidado de echarse al suelo cuando pasa el haz de luz. Entonces se levantan y corren, corren hasta perder el aliento y volverse a echar al suelo porque vuelve el haz luminoso. El corazón de Kiadi va a mil. Si cogen a cualquiera de ellos, ya pueden darse todos por detenidos. Se trata de una prueba agotadora y muy peligrosa que deben repetir varias veces.

Aún así, mostrando gran valor, habilidad y tenacidad, consiguen pasar la zona al alcance de los faros, poniéndose más o menos a salvo. Apenas se permiten tomarse un respiro: rápidamente suben el siguiente montículo y prosiguen la marcha hasta la última colina desde la cual, ya al amanecer, vislumbran Djanet ante ellos.

Djanet posee una belleza mística y particular: se trata de una ciudad construida alrededor de un gran oasis, rodeada de vegetación, en el “parque de Tassili”. La habitan los Kel Ajjer,un grupo Tuareg. Entre la ciudad y ellos, tan sólo un pequeño río pacífico, bordeado por huertas.

Una vez más, Kiadi y los demás deben demostrar su astucia para entrar en la ciudad, y lo hacen esperando a la una del mediodía, momento en el que toda la ciudad (musulmana) se sume en la oración, incluyendo a los efectivos militares, y aprovechan para descender la montaña en pequeños grupos. Bordean el riachuelo. Entorno a él hay numerosos árboles frutales, y ellos se mueren de hambre, pero no se atreven a robar algo de comer. Su miedo a los árabes es atroz. Saben que con ellos se juegan la vida.

Ya en el mercado de la ciudad, moviéndose con cuidado, deshacen el grupo y Kiadi y sus dos compañeros se ponen a buscar compatriotas. Se sienten en un terreno peligroso habitado por personas que ellos consideran imprevisibles e incluso violentas. ¿Cuál será el siguiente paso que darán?

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo) CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

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