El Gran viaje de Kiadi. Increíble testimonio de un joven inmigrante (XI)

Esta historia se inicia en posts anteriores. Ver todos los posts sobre El Viaje de Kiadi.

Djanet-Illizi

 

No es fácil vivir en Djanet, porque los negros musulmanes son fácilmente descubiertos y ni Kiadi ni sus compañeros tienen documentos. Los emigrantes aquí están en condiciones de inferioridad: se les considera infieles, no tienen papeles ni entienden el idioma. Algunos emigrantes se hacen pasar por musulmanes. Kiadi y su grupo deciden ocultarse en una casa abandonada habitada por un Kobo (Kiadi, así como cualquier congoleño, llama así a los sub-saharianos en general).
Allí, organizando su siguiente etapa, pasan dos semanas, saliendo muy temprano por la mañana o por la noche, por turnos, para comprar alimentos.

Hasta que una noche un Tuareg viene a comunicarles que todo está ya preparado y que saldrán a las 22h rumbo a la ciudad de Illizi, que está a unas cuatro horas en vehículo. Illizi debería ser un respiro para ellos, puesto que de todas las ciudades de Argelia, es la que menos expulsa a extranjeros indocumentados.
Ese viaje debería costar entorno a 15$, pero les cobran 50$. El motivo es sencillo: en el camino hay tres controles militares por los cuales no podrán pasar sin dejar una “propina” por cada pasajero. Kiadi tiene que fiarse del jefe de la expedición y darle esa cantidad de dinero. No le queda otro remedio: si no fuera de fiar, no se ganaría la vida así,

porque en África las noticias corren rápido entre los compatriotas.
Antes de salir, Kiadi compra un pasaporte a un Maliense por 30$ más. A partir de entonces, pasa a ser el Señor Abu Bakar, que todo sea dicho no se parece nada a él, pero como los Magrebís no distinguen un negro de otro… Kiadi está encantado. ¡Por fin tiene papeles!

Salen por la noche. De nuevo hace mucho frío, e intentan aparentar tranquilidad al pasar los dos primeros controles. Sin problemas. Pero cuando están ya a tan sólo 10 kilómetros de Ilizi, en el tercer control militar, un soldado mira desconfiado, una y otra vez, el pasaporte de Kiadi. Las páginas son diferentes. Habla con los suyos. Kiadi no le entiende, pero sabe que está en problemas. Siente miedo, está muy asustado y no lo aparenta. “¿Algo va mal?”

carcelEl soldado coge a Kiadi de malos modos y lo obliga a bajar del vehículo, separándolo de los demás. Los militares hacen lo mismo con dos o tres nigerianos, y el vehículo sigue rumbo a Illizi con el resto.
Kiadi los ve alejarse por el desierto. Mira de nuevo a los soldados, desesperado. ¿Es este el fin de su viaje?
Uno de los soldados se le encara. “Eres un traficante“, le dice, convencido, y les obligan a subir a otro vehículo. Nuestro amigo congoleño no conoce nada, no entiende a nadie, no sabe a dónde va. No tiene nada.
Parece que ha acabado en Illizi, pero no como pensaba. Los militares le hacen bajar del coche y le encierran en el calabozo junto a los nigerianos.
Kiadi está completamente solo y terriblemente angustiado, porque no sabe lo que los policías pueden llegar a hacer con ellos.

 

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo) CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: