El Gran Viaje de Kiadi. Increíble testimonio de un joven inmigrante (XIII)

Esta historia se inicia en posts anteriores. Ver todos los posts sobre El Viaje de Kiadi.

Marniya-Oujda

Kiadi ha llegado al pueblo de Marniya. Es un lugar pintoresco en el que viven o malviven los viajeros en dirección de Europa esperando la oportunidad para “dar el salto”. Se trata de un gran pueblo cosmopolita en donde se encuentran los ba-kobo (aficanos negros, en lingala). Allí viven en seguridad, lejos del desprecio o la desconfianza de los argelinos.

Ante la peligrosísima etapa final de Marruecos, Kiadi empieza a entrar en contacto con algunos guías. Se trata de congoleños que ya están instalados en Marruecos y que tienen una experiencia extraordinaria de estos viajes, pues los han hecho muchas veces, sin contar la primera, que no llegó a cuajar, en el que ellos mismos eran candidatos para Europa.

Los 21 candidatos para esta peligrosa expedición, después de pagar cada uno 50 $, se ponen en manos de sus guías. En el grupo se encuentra un Pastor, jefe de alguna Iglesia de esas que nacen como setas en Kinshasa, que después de reunir una cierta cantidad de dinero puede realizar al fin su sueño: ir a Europa. También hay dos parejas, una con dos niños, lo que complica el viaje. El resto, gente entre 20 y 35 años, en plena fuerza física.

Lo primero, pasar la frontera sin ser vistos y llegar a Oujda, ya en Marruecos.
A las once de la noche sale el grupo a pie. Cuando llegan a la frontera, tienen que tomar infinitas precauciones porque hay muchos soldados.

Después de haber jugado al “escondite” con ellos con bastante éxito durante un cierto tiempo, son desgraciadamente capturados. ¿Puede ser eso cierto? ¿Acaba aquí el viaje? Kiadi sabe que depende completamente de la voluntad de los soldados, y de que si sale libre de ahí, no será gracias a la piedad, sino a que los militares acepten (o tomen) algún tipo de pago por ello.


REUTERS/ Finbarr O' Reilly

Resulta que los militares parecen tener un interés especial por las mujeres, lo que no contraría excesivamente a Kiadi. Piensa, con bastante cinismo, que ahora ellas tienen en su mano las herramientas para “satisfacer” a los militares y salvar así a toda la expedición. Quizá hubiera pensado de otra manera si alguna de ellas hubiera sido su mujer o una de sus hermanas. Curiosa y pragmática visión de las cosas las de un prófugo: “que cada uno se las arregle como pueda”.

La situación es más tensa que nunca, y muchos se preguntan qué ocurrirá a continuación.

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo) CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

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