El Gran Viaje de Kiadi. Increíble testimonio de un joven inmigrante (XIV)

Esta historia se inicia en posts anteriores. Ver todos los posts sobre El Viaje de Kiadi.

Oujda

Los militares que han capturado a Kiadi y a sus compañeros de expedición siguen manifestando un gran interés en las mujeres del grupo. Ante esa situación, y como cabe esperar, los maridos respectivos protestan con vehemencia. Así que tras una gran agitación, todos son trasladados al puesto militar. Pero allí los militares siguen molestando a las mujeres, y continúan emborrachándose y bebiendo desmesuradamente, a pesar de ser musulmanes.

Finalmente tiene lugar algo que posiblemente nos cueste comprender. Los viajeros, aprovechando un momento de supuesta distracción de los soldados, se largan, dejando a las mujeres en el puesto militar. Es difícil entender cómo los maridos pueden tomar una decisión semejante.

Lo cierto es que treinta minutos más tarde los maridos vienen a rescatar a sus esposas. ¿Quiere esto decir que dejaron a los militares el tiempo suficiente para pudieran “dar cuenta” de ellas? Ellas dicen que los militares no las han tocado, pero ¿acaso podrían decir otra cosa?
Una vez más la ley del más fuerte se ceba en las personas más débiles.

De nuevo se reúnen los viajeros, algunos y algunas en un estado anímico deplorable y aún así todos tratando de ser fuertes.

Así llegan a Oujda, esplendorosa ciudad de viejos monumentos y llena de turistas, rodeada de una bella región montañosa. A pesar del miedo que tiene, Kiadi no puede dejar de admirar esta bella ciudad, antiguamente capital de las dinastías Almorávide y Almohade, y contempla las familias de turistas tomando refrescos en las terrazas. Si él hubiera nacido en su lugar, no tendría que estar pasando por todo esto…

Pero Kiadi no tiene demasiado tiempo para soñar. La siguiente etapa la tendrán que hacer campo a través, al amparo de la noche y de los túneles de las vías de tren. El secreto de todo será la clandestinidad la más absoluta. Lo que era ya en Argelia un problema serio, aquí se convierte en algo extraordinariamente complicado. Parece que la policía marroquí está en alerta perpetua, quizá por la presión internacional. Pero no se trata sólo de los servicios de seguridad. Hay también maleantes marroquíes, como los que herirán a Kiadi, como veremos en seguida, que se ganan la vida desvalijando a estos pobres viajeros.

(La historia de Kiadi es una historia real, de la cual fue testigo el misionero Xavier Zabalo tras pasar cuarenta años en el Congo) CONTINÚA EN POSTS SIGUIENTES

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