Mutilando a las mujeres

Una navaja o un trozo de vidrio. Solo eso hace falta para amputar el clítoris. Sin anestesia. Sin condiciones higiénicas. Sin médicos. En el campo. La forma más radical de realizar la ablación es la “infibulación” o “circuncisión faraónica”, mediante la cual se extirpa el clítoris, los labios mayores y menores, cosiendo lo que queda y dejando únicamente un pequeño orificio para orinar y para la menstruación.

Dos millones de niñas entre 4 y 12 años son mutiladas cada año de esta manera brutal, y muchas mueren a consecuencia de las hemorragias o infecciones derivadas de ello. Otras con más suerte quedan estériles (un 20% de ellas), sufren complicaciones mortales en el parto, desgarros, o dolor durante las relaciones sexuales de por vida.

En la actualidad muchas ONGs trabajan para erradicar esta práctica, y no son pocos los pueblos africanos donde se ha declarado oficialmente abandonada. Por fortuna, el Islam y el cristianismo condenan esta práctica. Sin embargo, en muchos países todavía se practica de forma impune, porque se trata de una costumbre íntimamente ligada a la tradición. Donde más, en el sureste africano. En algunos sitios sostienen que previene la infidelidad por parte de las mujeres, o que evita a la mujer sentir placer sexual, algo que solo debería ser privilegio del hombre.

Testimonio de Hannah Koroma, de Sierra Leona: “Tenía doce años cuando mi abuela me dijo que iríamos al río para realizar una ceremonia de iniciación. Yo era muy pequeña y no tenía ni idea de lo que iba a pasarme. Llegamos a un lugar escondido entre unos matorrales, junto al río. Fui desvestida. Me taparon los ojos y me quitaron la ropa completamente. Fui obligada a tumbarme. Cuatro mujeres sujetaban mis extremidades, mientras otra se sentaba en mi pecho para evitar que me moviera. Me colocaron un trozo de tela en la boca, y entonces… me cortaron. El dolor era insoportable. Como me resistía e intentaba levantarme, perdí mucha sangre. Por supuesto, no me dieron ningún tipo de anestesia ni calmante para el dolor. La operación me produjo una hemorragia que me provocó una fuerte anemia. Durante mucho tiempo, cada vez que orinaba me dolía. A veces trataba de aguantar las ganas, por el miedo que me producía el dolor. Sufrí también infecciones vaginales. El corte me lo hicieron con una simple navaja”.

Numerosas iniciativas se están llevando a cabo contra esta práctica. ¿Qué puedes hacer?

>Grupo multidisciplinar para la prevención y estudio de las prácticas tradicionales perjudiciales, de la Universitat Autònoma de Barcelona

>Fundación Waris Dirie (Fundación fundada por W.D, ex-modelo víctima de la ablación a los 5 años)

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