La història d’Haití, Iª part: de Colom a la “la perla de les Antilles”

Al llarg d’aquesta setmana, intentarem escriure alguna cosa de la història d’Haití, ja que creiem és un bon exercici de recuperació de la memòria històrica i de difusió del passat del país caribeny per poder entendre una mica la idiosincràsia d’aquest poble.

Iniciem el post amb la invasió espanyola i el posterior desembarcament dels francesos.

Habitada i culturitzada durant centúries pels Arawaks Tainos (un dels pobles agroterrissaire més notables del Carib) l’illa que Colom va batejar amb el nom de l’Espanyola va ser arrasada pels conqueridors, malgrat la resistència dels cacics Caonabo i Cotubanama. Arran de l’extermini de tota la població indígena (més de 100.000 persones), els espanyols es van veure obligats a importar negres esclaus per explotar l’or, i quan aquest es va esgotar, el 1525, la canya de sucre, les fustes precioses i el bestiar.
Interessada més en la part oriental de l’illa, la corona va desmantellar i despoblar (veure les devastacions d’Osorio) el 1603 el territori actual d’Haití.

Molt aviat van desembarcar els bucaners en busca de bestiar i, després, els filibusters, contrabandistes i reus fugats, que van fundar Saint Domingue. La colonització francesa es va fer des de l’illa de la Tortuga, per mitjà de la “Compagnie des Isles d’Amerique” i la “Compagnie des Indes Occidentals“. Per aprofundir la colonització, el ministre Colbert va escollir al gentilhome aventurer Bertrand d’Ogeron, amic dels bucaners i filibusters. En 1670, Saint Domingue va començar a funcionar com una veritable colònia, important “engagés” o treballadors contractats a Europa, especialment pagesos bretons i normands, als quals se’ls prometia terres i cases. Posteriorment van ser reclutats a la força i amb engany obrers i mariners cessants, hugonots i calvinistes, vagabunds i prostitutes. A aquestes relacions servils de producció, aviat es van sumar les esclavistes amb la compra massiva de negres. En 1681, hi havia 6.648 persones, de les quals 2.970 francesos i 2.000 africans, ocupats en uns trenta enginys sucrers, la resta eren mestissos dedicats al comerç i l’agricultura.

La prosperitat d’aquesta economia primària exportadora va començar cap a 1720. Trenta anys després, Saint Domingue havia desplaçat del mercat sucrer a Brasil, Jamaica, Barbados i Martinica, convertint-se en la principal colònia de França al Carib. L’auge es va accentuar amb la necessitat que va tenir Estats Units de comprar sucre a Saint Domingue, arran de l’ordre donada per Anglaterra a les seves colònies sucreres de les Antilles de no vendre productes al país que acabava d’independitzar-se Amèrica del Nord, on la indústria es basava en gran mesura en les destil·leries, es va veure obligada a comprar massivament sucre a Saint Domingue que va passar a convertir-se en la colònia francesa més rica del món.

Fonts consultades:

http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/vitalel/2lvc/02lvchistsocal0033.pdf

http://digital.csic.es/bitstream/10261/5218/3/RIFrontera.pdf

http://www.maec.es/es/MenuPpal/Paises/ArbolPaises/Haiti/Monografia/Documents/Haiti.pdf

http://clio.academiahistoria.org.do/trabajos/clio174/tema4-fbre.pdf

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Haití: un terratrèmol que dura segles. Campanya Catalunya amb Haití

ONG de la Federació Catalana d’ONG* per al Desenvolupament i el Palau Robert llancen una campanya, a l’any del terratrèmol, per denunciar com l’extrema pobresa a Haití ha convertit el sisme en una de les pitjors catàstrofes de la història.

El Palau Robert de Barcelona acollirà del 18 de gener al 13 de febrer les activitats de la Campanya “Haití: un terratrèmol que dura segles. Campanya Catalunya amb Haití”: des d’una exposició de fotografies i videos de les ONG que hi han estat treballant en l’emergència fins a diverses taules rodones, teatre i una bicicletada popular, amb l’objectiu de mostrar la solidaritat amb el poble haitià i denunciar les causes que han convertit Haití en un dels països més vulnerables del món

El dimecres 12 de gener a les 12 h, les entitats convoquen una roda de premsa al Palau Robert per presentar la Campanya.

Una xarxa gegant romandrà disponible durant tots aquells dies al Palau Robert perquè la ciutadania hi dipositi el seu suport als haitians i les haitianes a través dels seus escrits solidaris. A més, l’escriptor i il.lustrador Joma col.laborarà de formas gratuïta amb un dibuix especial per a la campanya.

No hi pots faltar, t’esperem!

Per a més informació: Premsa FCONGD tel. 93 442 28 35/ 659 55 73 13

*Acció contra la Fam, Ajuda en Acció, Assamblea de Cooperació per la Pau, Creu Roja Catalunya, Farmamundi, Intermón Oxfam, Mans Unides, Observatori del Deute en la Globalització, Save the Children i Unicef.

“Los pecados de Haití”, por Eduardo Galeano

El 12 de enero se cumple un año del terremoto que devastó haití. En vistas a conmemorar el fatídico aniversario de la tragedia, a lo largo de esta semana iremos colgando material relacionado con el tema.

Para empezar, creemos oportuno recuperar el artículo que Eduardo Galeano escribió poco despues de la tragedia:

“La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole: -Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

 La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros.

Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.”