¿Se beneficia África con la crisis?

África aumenta sus posibilidades de rédito en las inversiones a largo plazo; pero esa bonanza se va a producir a costa de la pauperización de varios sectores económicos y del empeoramiento de la calidad de vida de muchas poblaciones, lo que podría originar nuevas guerras civiles y el consiguiente deterioro de las instituciones.

Los pronósticos apocalípticos de los organismos internacionales de crédito, de hace un año, con respecto a los efectos que la crisis internacional causaría en África no se han cumplido. Tanto el FMI como el Banco Mundial predecían con cierta lógica que la ralentización del comercio mundial y de los créditos financieros iba a afectar al continente más débil.

Precisamente, el sector financiero africano, al no depender de las fluctuaciones de los capitales privados, ya que en gran medida está controlado por los Estados, pudo sobrevivir a la crisis financiera. Desde la década de los 80 los países desarrollados condicionaron gran parte de los créditos, a los países africanos, a la liberalización de los mercados y a la reforma del sector bancario.

Gracias a que esta última medida fue desoída, con algunas excepciones, hoy África cuenta con un sólido sector financiero que puede auxiliar a ciertos sectores afectados por la recesión comercial.

Si hay crisis que no se note

Por diversos motivos, las inversiones extranjeras en África crecieron un 2% en lo que va del año. El primer factor es la inercia en el crecimiento de las inversiones que viene atrayendo el continente desde el año 2000.

A pesar de la disminución de los volúmenes comerciales, la cancelación de las deudas de varios países, ya sea por condonación o por desembolso, varias economías africanas se ven provistas de más oxígeno, lo que atrae además de nuevos créditos, más inversiones.

Sin embargo, en época de crisis los capitales no están dispuestos a correr riesgos, por eso se concentran en sectores rentables y en países que no presentan grandes dificultades. De esta manera, se desarrolla sólo una parte del continente y se deja de lado otra.

Los sectores que los inversionistas consideran seguros y que aumentaron su participación son los hidrocarburos, los minerales como el oro, diamantes y coltán, dejando de lado a los productores agrícolas y ganaderos.

Los países que son más seguros para invertir son los más desarrollados, los que menos conflictos internos tienen y por supuesto los que adoptaron una economía de mercado más abierta. Estos son: Angola, Nigeria, Sudáfrica, Guinea Ecuatorial, Argelia y Libia.

Pero, no hay que perder de vista en qué condiciones se desarrollan estas inversiones. Gran parte de las empresas multinacionales se establecen en países con gobiernos corruptos, fácilmente dominables y extraen las materias primas sin declararlas para manufacturarlas y agregarles valor en los países centrales.

Cuando en el mismo país se establece otra compañía rival, ahí se exacerban los conflictos étnicos y se compran ejércitos privados, en los que también participan niños africanos, para enfrentar a los combatientes que defienden a la empresa competidora. Esto es muy común en Sudán, Congo y Chad y lo fue en Sierra Leona.

Esta facilidad para la extracción de hidrocarburos, con bajos costos, produce que los capitales que buscan enérgicamente abastecerse de gas y petróleo, aumenten la producción en África, a pesar de la caída de la cotización.

Por ejemplo, gran parte de la recuperación mundial se debe al motor productivo de China, que sigue requiriendo de enormes volúmenes de combustible para sostener sus industrias. El año pasado China invirtió US$ 100 mil millones en África. Se estima que este año, el gigante asiático va a crecer un 8%, lo que va a constituir un factor importante para que el mundo salga de la crisis.

Los países del Golfo Pérsico, con empresas de hidrocarburos experimentadas también están invirtiendo en África, por el bajo costo que supone la extracción de petróleo.

El FMI, con demasiado optimismo, sostiene que la crisis ha demostrado que África superó la época de las ayudas, situándose ahora en una posición propicia para invertir y generar ganancias. Por eso, este año duplicó sus recursos hacia este continente.

Pero, la salida de la crisis mundial, va a dejar un panorama económico más desigual en África. Va a haber producciones muy favorecidas, lo que va a provocar que las elites poderosas aumenten sus ingresos y va a hundir a otros sectores más vulnerables.

Esto podría abaratar aun más la producción y generar más desestabilización en los países que tienen guerras civiles importadas por los capitales extranjeros y por la rivalidad entre los EE.UU. y China por la extracción de hidrocarburos.

Es posible que la caída del sector agrícola estimule la venta de grandes terrenos a empresas extranjeras que se dedican a producir biocombustibles en lugar de alimentos.

Así, como sostiene el FMI, África aumenta sus posibilidades de rédito en las inversiones a largo plazo. Pero, el organismo omite que esta bonanza se va a producir a costa de la pauperización de varios sectores económicos y del empeoramiento de la calidad de vida de muchas poblaciones, lo que puede originar nuevas guerras civiles y un deterioro de las instituciones, que alimenta el círculo vicioso de la atracción de capitales sin control.

Fuente: Maximiliano Sbarbi Osuna, publicado en BAE

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Multinacionales contra los derechos humanos

Bayer

Importación de materias primas desde regiones con conflictos bélicos, financiamiento de ensayos clínicos no éticos, trabas a la fabricación y comercialización de medicamentos vitales en un país en desarrollo, comercialización de peligrosos herbicidas.

Bayer es una de las empresas más grandes del mundo dentro de la industria química y farmacéutica. En 1925, Bayer se unió a otras empresas químicas para formar la IG Farben. Esta corporación colaboró con los crímenes del nazismo, por ejemplo empleando una gran cantidad de trabajadores extranjeros, prisioneros de guerra y personas sometidas a trabajos forzados; y fabricando el gas Zyklon B, para aniquilar judíos en los campos de concentración. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la IG Farben se fragmentó en tres empresas independientes: Bayer, BASF y Hoechst. Según lo denunciado por la Coordinación contra los Peligros de Bayer, las sucesoras siguen sin brindar una indemnización adecuada a las víctimas.

A comienzos de los años ’80, la división farmacéutica de Bayer ocupó los principales titulares en los periódicos cuando se descubrió que el soborno a los médicos era una práctica cotidiana de la firma (ver “Medicamentos”).

En la década del 90, Bayer financió dos grandes ensayos clínicos en los cuales se probó el antihipertensivo llamado nitrendipina. Durante años, miles de pacientes no recibieron ningún medicamento eficaz, sino un placebo. Bayer y los médicos involucrados se arriesgaron así a que numerosos pacientes sufrieran ataques de apoplejía o infartos de miocardio (ver “Medicamentos”)

A comienzos de 2001, Bayer y otras 38 empresas de la industria farmacéutica demandaron al Gobierno sudafricano por violar el derecho de patentes. ¿Cuál era el “delito” de los sudafricanos?: en 1997 habían sancionado una ley que permitía tratar a los enfermos de SIDA con medicamentos baratos (ver Aventis).

H. C. Starck, una filial de Bayer, produce y comercializa polvos metálicos y cerámicos (entre otros, tántalo) Este metal desempeña un papel clave en la fabricación de teléfonos celulares, computadoras y otros productos de alta tecnología. Alrededor de una quinta parte de las existencias mundiales se obtienen en el Congo –por lo general en condiciones inhumanas– a partir de un mineral llamado coltan. Valiéndose en buena medida de intermediarios, la filial de Bayer compra aproximadamente la mitad del coltan congoleño. De ese modo contribuye a mantener una guerra que desde 1998 ha costado la vida a 2,5 millones de personas (ver capítulo “Petróleo”) y muestra una absoluta falta de escrúpulos.

Bayer es uno de los mayores productores de medicamentos veterinarios. Entre otros productos, comercializa el antibiótico Baytril. Ante su uso, pueden sobrevenir agentes patógenos resistentes, que en los seres humanos ya no son tratables.

En numerosos casos, los herbicidas de Bayer ocasionaron severos daños en personas o animales, sobre todo en el denominado Tercer Mundo. Por ejemplo, Baysiston3 (utilizado en el cultivo del café), Gaucho4 (para el girasol) y el peligrosísimo nematicida fenamifos (Nemacur)5.

(FUENTE: Klaus Werner y Hans Weis: El Libro Negro de las Marcas, Editorial Debate, 2004)

Multinacionales contra los derechos humanos

Agip (Grupo Eni)

Agip pertenece al Grupo Eni de Italia. Allí es el responsable de producir y comercializar los derivados del petróleo. El grupo empresarial produce más de un millón de barriles equivalentes de petróleo diarios. Entre los productores europeos de gas natural, Eni ocupa el segundo lugar. A la hora de hablar de violaciones a los derechos humanos y su relación con la industria petrolera, Agip es un clásico exponente: al igual que Shell y Elf, esta multinacional opera en el delta del Níger nigeriano, donde la industria petrolera ha tenido unaestrecha colaboración con los diversos regímenes militares que gobernaron el país hasta 1999. Aún hoy, la actividad de la corporación continúa ocasionando los más terribles daños ambientales y destruye el sustento vital a miles de familias.

Desde 1983 Agip también opera en Angola, país asolado desde hace 25 años por una guerra civil que se ha cobrado cientos de víctimas financiada por un lado con diamantes, y por el otro, con petróleo. Las organizaciones de derechos humanos acusan a la industria petrolera de cooperar con el dictador José Eduardo Dos Santos y de financiar el tráfico de armas y la corrupción estatal.

En el año 1959 se fundó AgipSudan Ltd., que opera en una red de decenas de gasolineras y que fue retransferida. Ahora Eni participa con dos de sus filiales (Snamprogetti y Saipem) en las construcciones de refinerías petroleras y oleoductos, durante las cuales hubo reiterados hechos aberrantes, perpetrados sistemáticamente por los militares sudaneses contra la población del sur del país. La industria petrolera sudanesa está acusada de colaborar con el régimen militar y de financiar el tráfico de armas.

(FUENTE: Klaus Werner y Hans Weis: El Libro Negro de las Marcas, Editorial Debate, 2004)

Neocolonialismo y racismo

Michael Warschawski escribió en The Alternative Information Center un artículo acerca del Sionismo, el Estado de Israel y el neocolonialismo. Lo resumimos a continuación:

El Sionismo es un colonialismo de carácter específico, siendo la empresa colonial del colono. Como tal, está destinado a sustituir (y no esencialmente explotar) la población indígena con los nuevos colonos a través de la expulsión gradual.

Israel es un estado colonial, no sólo en su origen, sino también en su modus operandi. Sus leyes y prácticas se configuran con el objetivo de construir, evaluar y fortalecer su carácter judío. “Judaización” y “Estado judío” no son conceptos culturales, sino un proyecto demográfico; su objetivo es la des-arabización de Palestina y reducir lo más posible el número de no-judíos en el Estado judío.

La política de judaización continuó mucho tiempo después del establecimiento del Estado de Israel y marca las prácticas colonialistas de hoy en día. La discriminación estructural de la minoría palestina que logró permanecer en las fronteras del Estado judío y la continuación de la política de expropiación de tierras son los testimonios vivientes de que no ha habido la “normalización” de Israel. Se trata de una permanente guerra étnica.

El racismo moderno es a menudo una actitud de “ignorar al otro”. “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” o “el país estaba vacío” fueron las consignas centrales en los inicios del Sionismo. Es típico, uno puede decir incluso banal, la actitud colonialista hacia los indígenas que no son más que un problema ambiental, como los mosquitos, los pantanos o las rocas; algo que debe ser erradicado con la finalidad de permitir el desarrollo de la civilización. Los árabes de Palestina fueron transparentes como comunidad humana, y, en ese sentido, el Sionismo es un racismo basado en la negación de la humanidad respecto la comunidad indígena. El racismo sionista es el banal racismo occidental hacia lo que no es europeo.

La resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1975 que define el Sionismo como una forma de racismo sólo señala la verdad elemental: un estado colonial es, por su propia naturaleza y comportamiento, racista.

El papel de una resolución política no debería ser definir la realidad, pero tomar decisiones sobre las acciones que deban tomarse. Esta debe seguir siendo la tarea de los expertos científicos y un permanente y nunca cerrado debate científico, no una votación. Colonialismo es racismo, a pesar de que una mayoría de los estados lo acepten o no. La prueba de que la votación fue un error llegó dieciséis años después, en 1991, cuando la misma Asamblea General de las Naciones Unidas revertió su voto y decidió que el colonialismo sionista no es racista. Tal comportamiento es una reversión fantástica hacia la Edad Media, cuando la Asamblea de Cardenales podía decidir por votación, si los judíos tenían alma o si la Tierra era un cuadrado plano.

Obviamente, ninguno de estos votos puede cambiar la realidad. El papel de las instituciones políticas es el de decidir sobre las acciones a tomar, no legislar la naturaleza de la realidad.

Idealmente, la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad adoptarían una resolución basada en la campaña internacional para el BDS – Boicot, Desinversiones y Sanciones – y sancionarían al Estado de Israel por sus innumerables violaciones del derecho internacional y de las resoluciones de las Naciones Unidas. La necesidad de imponer sanciones al Estado de Israel es triple: en primer lugar, hacer justicia al pueblo palestino, que ha hecho, bajo la presión de la comunidad internacional, muchos compromisos dolorosos, a cambio de más opresión, más negación y más humillaciones; en segundo lugar, como una cuestión de higiene internacional, ya que si queremos vivir en un mundo regulado por la ley, Israel no debe ser tratado con impunidad, y sus crímenes deben ser sancionados; y en tercer lugar, por el bien mismo de la sociedad israelí.

La crisis y el hambre

¿Sabías que en la Tierra hay alimentos suficientes para que cada persona comiera 2 kilos de comida al día? Sólo en cereales tendríamos lo suficiente para ingerir 3.500 calorías por persona. Entonces ¿por qué existe el hambre? Es muy sencillo. Si para comer tú y yo tenemos dos pollos, y tu comes un pollo y 3/4 del mío, ¿qué queda para mí?

Según la FAO hay más de mil millones de personas que pasan hambre debido a cuestiones políticas y socioeconómicas.

Un gran problema es que la crisis va a afectar muy negativamente a estas situaciones de países pobres, puesto que engrandecerá mucho más las diferencias entre ricos y pobres, así como afectará gravemente al desarrollo de ciertos países. Las personas que se vean empobrecidas posiblemente se verán obligadas a migrar, retirarán a sus hijos de las escuelas para que ayuden en el trabajo, prolongando así el círculo de pobreza, pueden verse obligados a vender sus bienes, consumirán menos alimentos y de peor calidad, con lo cual la productividad laboral y cultural de todas estas comunidades decaerá.
Además, debido a la crisis, la Ayuda Oficial al Desarrollo se reducirá aproximadamente en un 25% para los 71 países más pobres de la tierra.

Que nadie crea que todos los países evolucionan para mejor, lenta o rápidamente. Muchos están retrocediendo sin poder hacer nada para evitarlo, hundiéndose cada vez más. Según la Fao, hoy hay 100 millones de hambrientos más que en 2008. En muchos países, como Egipto, Haití, Mauritania o Filipinas se ve gravemente amenazada la seguridad alimentaria, y eso provoca violencia social, inseguridad y muertes.

Esto podría evitarse promoviendo instrumentos de desarrollo y económicos para incrementar la producción agrícola, apoyando e impulsando leyes y acuerdos vinculantes, nacionales e internacionales, en materia de alimentación.

Sin marcos legales y sin que los Derechos Humanos sean una materia plenamente judiciable van a continuar perpetuándose este tipo de desgracias.

El último europeo condenado a muerte en China… por ahora.

Hoy en China ha sido ejecutado un británico, Akmal Shaikh, que había sido condenado a muerte en 2008 por transportar 4 kilos de droga en su equipaje. En China ser detenido con más de 40 gramos de droga supone la condena máxima.

Antes de Akmal, el último europeo que había recibido la pena capital en China fue un piloto militar durante la I Guerra Mundial, acusado de conspirar para asesinar al líder chino Mao Zedong.

La esposa y los tres hijos de Akmal, junto con el Gobierno británico y la ONU, trataron de evitar este desenlace, puesto que Shaikh parecía padecer cierta dolencia mental, pero lo que llaman justicia china ha impedido que éste pueda ser visitado con un psicólogo y ha sido implacable. No está claro si el método ha sido el tiro en la nuca, como es habitual en China, o inyección letal.

El Primer ministro de Reino Unido, Gordon Brown, emitió un comunicado en el que decía:

“Condeno la ejecución de Akmal Shaikh de manera enérgica, y estoy espantado y decepcionado de que nuestras persistentes peticiones de clemencia no hayan sido concedidas”. “Me preocupa particularmente que no se llevara a cabo una valoración de su salud mental”.

La respuesta de China, emitida por el portavoz de su cancillería, Jiang Yu, era:

“Nadie tiene derecho a hablar mal de la soberanía judicial de China. Expresamos nuestro fuerte descontento y decidida oposición sobre las acusaciones infundadas por el británico. Instamos a la parte británica de enmendar sus errores y evitar dañar las relaciones entre China y Reino Unido”.

Esta semana, por este motivo, han habido manifestaciones en muchos países europeos, incluyendo España y obviamente Reino Unido.  Y entretanto, seguimos recordando la dulce imagen de la niña cantando ante la satisfacción de la prensa en los juegos olímpicos de Pekín, lugar elegido para el feliz acontecimiento por la comunidad internacional.

Multinacionales, petróleo, dinero. El fin de los derechos humanos.

Ya hemos hablado en más de una ocasión de la actitud de las empresas multinacionales y los gobiernos, puramente centrada en los beneficios económicos incluso a costa de los derechos humanos. Muchas ONG’s denuncian esta situación, pero necesitan más apoyo, pues luchan contra algo muy difícil.

Veamos otro ejemplo de empresa que arruina la vida de poblaciones enteras sin asumir ningún tipo de responsabilidad por ello:

“El delta del Níger es uno de los ecosistemas más ricos del mundo, en el que habitan 31 millones de personas. También acoge extensos yacimientos de petróleo que han explotado durante décadas el Gobierno de Nigeria y empresas multinacionales. Shell es la principal compañía que opera en la zona.

La explotación del petróleo ha generado miles de millones de dólares en ingresos, pero  los vertidos de petróleo y residuos, y la combustión de gases, han empobrecido más a la población de la zona. Sus habitantes beben, cocinan y limpian con agua contaminada. Las tierras de cultivo han sido destruidas, y el pescado intoxicado, arruinando la mayoría de los medios de subsistencia de la población.

En el delta del Níger se vulnera el derecho de sus habitantes a un nivel de vida digno, a la salud, a la información sobre los efectos de la industria del petróleo y a obtener una reparación. Shell ha estado aprovechándose de la débil legislación de Nigeria, de modo que Shell y el Gobierno nigeriano son los principales responsables.

“Si quieres pescar, tienes que remar durante cuatro horas hasta encontrar un sitio en el que el vertido es menor…., algunos de los peces que cogemos, cuando abres el estómago, huele a petróleo (crudo)” (Testimonio de un pescador de Delta del Níger)”

Fuente: Amnistía Internacional.

De nuevo una gran empresa actuando con total impunidad aprovechando las leyes de los países menos desarrollados, que a menudo son poco estrictas debido a que para estos gobiernos puede salirles económicamente rentable que las multinacionales se emplacen en sus países. Sin embargo,  ninguna parte de las grandes cifras que se manejan se destina a mejorar la vida de la población de la zona o a reparar los daños causados, y muchas vidas humanas que sufren por ello.